4/6/08

Me doy asco

Dios mío, ¿¡cómo puedo ser tan imbécil!? No, perdón, me equivoqué, quería decir: ¿¡cómo puedo ser TAN gilip*llas!? (con perdón)
Lo sabía. Esta apatía es peligrosa. Si hasta pensar en esto me está destrozando los nervios! Creo que voy a estampar el móvil contra las rocas de la Torre y me voy a echar el macuto al hombro y LARGARME. Si me voy a un país de habla no-hispana, tal vez podría irme bien: si no me comunico con nadie, las cosas irán mejor. Me duele el corazón. Mucho. NO puedo volver a hacerle daño a alguien. No puedo volver a decepcionar a otra persona. Sé perfectamente que yo no sirvo para estas cosas, ¿por qué lo haría? ¡Mierda! Ojalá me hubiese acordado de Manu unos minutos antes y me hubiese mordido la lengua. Desde luego siempre tengo una ayuda: NO PENSAR. Es justo lo contrario a mi filosofía de vida: la mente ha de dirigirte. Pero a veces es lo mejor: ponerte el metal más duro que encuentres y cerrar tu mente.
¡Maldita yo! Maldita mil veces, maldita mi propia estupidez.
Me he sacrificado tantas veces por los deseos de los demás que ya he llegado a mi límite, pero por otra parte no puedo hacerle daño. Me encuentro en la antigua tesitura.
¿Hacerle daño a otra persona o estar jodiéndome yo? ¿No es injusto? Pero al fin y al cabo, me lo he buscado yo solita... Por otra parte, ¿no será que no es por no hacerle daño, sino porque soy una cobarde? ¿No debería tener el valor de decirle la verdad? ¿Y cual es la verdad? Por favor, me siento una horrible persona. Él me pone su corazón en bandeja y voy yo y lo retuerzo y se lo devuelvo con desprecio. Por otra parte él tendría que entender mi situación. Se lo dejé muy claro: no te amo a ti, sino a otra persona. Además, teniendo él la teoría de que en unos dos años seré homosexual... No tiene mucho futuro, ¿verdad? Jajajajaja Que asco doy.

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